La modernización del avión de combate peruano se ha convertido en una crisis política tras la selección del F-16V.

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Durante más de diez años, la Fuerza Aérea Peruana, equipada con una docena de Mirage 2000P y otros tantos MiG-29, había estado buscando modernizarse, ya que la flota ahora mostraba signos de envejecimiento. Después de haber considerado, por un tiempo, la Rafale Con los aviones franceses asociados al Boramae surcoreano, Lima parecía destinada a recurrir al más económico JAS 39 Gripen E sueco. Sin embargo, esto no se tuvo en cuenta al enfrentarse a la determinación estadounidense.

Tras varios intercambios, a veces tensos, con Washington, y con ofertas estadounidenses poco competitivas, las autoridades peruanas optaron por el avión de combate estadounidense, aparentemente gracias a una nueva oferta más razonable. Sin embargo, esta decisión no fue unánime en el país, hasta el punto de que hace unos días, el presidente interino José María Balcázar anunció su intención de posponerla hasta después de las próximas elecciones.

Dos días después, tras veladas amenazas del embajador estadounidense en Japón, el Ministro de Defensa aprobó el pedido de los F-16V estadounidenses, lo que provocó una conmoción política en todo el país y una serie de dimisiones en los más altos niveles del gobierno. Un repaso a este episodio, cuyas complejidades probablemente aún no se han revelado por completo…

Tras una competencia caótica, se seleccionó el F-16 Block 70 para modernizar el avión de combate peruano.

Fue en 2012 cuando el Ministerio de Defensa formalizó el proyecto para modernizar la flota de cazas peruana, con el objetivo de reemplazar sus MiG-29 y Mirage 2000, y restablecer una capacidad creíble de interceptación y superioridad aérea con 24 cazas polivalentes. El formato se mantuvo relativamente estable a lo largo de las distintas ediciones de esta competencia, que tuvo importantes repercusiones políticas.

Doce años después, en el verano de 2024, se elaboró ​​una lista final, seleccionando tres aeronaves: el F-16 Block 70, o F-16V, de la compañía estadounidense Lockheed Martin; el JAS 39 Gripen E de la compañía sueca Saab; y el Rafale El F4 de la empresa francesa Dassault, el único avión bimotor en la competencia, fue seleccionado para un contrato anunciado en alrededor de 3,5 millones de dólares y con fecha límite en 2026. Más allá de las características de la aeronave en sí, la Fuerza Aérea Peruana y el Ministerio de Defensa evaluaron varios parámetros, desde el precio de adquisición hasta los costos de propiedad, incluyendo compensaciones industriales.

Dassault Mirage 2000P fuerza aérea peruana
Mirage 2000P de la Fuerza Aérea Peruana: Solo quedan unos pocos aviones de combate peruanos listos para despegar hoy.

Rápidamente, el Rafale El F4 quedó descartado debido a sus elevados costes y a la menor implicación de Dassault Aviation. Así, para 2025, Lima parecía haberse decantado por un pedido de 12 aviones Gripen, acompañado de importantes compensaciones industriales. Diversos comunicados, si bien no definitivos, del Ministro de Defensa, el Presidente y Saab, confirmaron esta trayectoria, hasta el punto de que la prensa no dudó en dar por zanjado el asunto, con una victoria sueca.

Sin embargo, esta trayectoria no fue del agrado de Estados Unidos. Tras una oferta inicial para la misión lunar, casi el doble de cara que la de su competidor, que incluía 12 F-16 Block 70 con radar AESA, motores F110, pods, municiones, repuestos y apoyo por 3,42 millones de dólares, Washington y la FMS se dieron cuenta rápidamente de que no tenían ninguna posibilidad de competir contra el Gripen sueco.

Lockheed Martin ofreció entonces 24 F-16 Block 70 en dos fases por 3,5 millones de dólares: un lote inicial de 12 aeronaves, que se entregarían a partir de 2026 por 2 millones de dólares, y una opción para 12 aeronaves adicionales, por algo más de 1,5 millones de dólares, cuyo precio se determinaría posteriormente. Paradójicamente, esta oferta, algo vaga, no sustituyó a la anterior oferta del programa FMS, lo que dificultó enormemente evaluar el alcance exacto de la oferta estadounidense, tanto en términos de presupuesto como de formato.

Perú se sume en una crisis política tras encargar aviones F-16V a Estados Unidos.

Fue en este contexto que el presidente interino José María Balcázar, designado el 18 de febrero tras el juicio político al presidente José Jeri por corrupción, anunció su intención de suspender la adquisición de aproximadamente 3,5 millones de dólares y dejar la decisión en manos de su sucesor, quien gane las elecciones de julio de 2026. La ceremonia de firma fue cancelada y él citó " una enorme deuda nacional "para justificar el aplazamiento."

Al día siguiente del anuncio presidencial, el 17 de abril, el embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, advirtió públicamente que utilizaría "todas las herramientas a su alcance" si Washington consideraba que Lima actuaba de mala fe, sin ofrecer más detalles. Esto bastó, sin embargo, para desencadenar una serie de acontecimientos que transformaron la situación en una grave crisis política interna.

En efecto, el 20 de abril se firmó un acuerdo técnico en la Base Aérea de Las Palmas. El Secretario de Defensa formalizó oficialmente el avance contractual de la oferta estadounidense, a pesar de la intención del Presidente de retrasarla. Dos días después, el 22 de abril, el Ministerio de Economía y Finanzas confirmó un pago inicial de 462 millones de dólares, lo que dificultó considerablemente el aplazamiento del programa, e incluso su cancelación, independientemente del resultado de las elecciones de julio.

El mismo día, el ministro de Defensa, Carlos Díaz Dañino, y el ministro de Relaciones Exteriores, Hugo de Zela, anunciaron sus renuncias. Consideran que una suspensión, incluso temporal, del programa anunciado por el presidente Balcázar comprometería la seguridad nacional y violaría los compromisos internacionales. La crisis política es ahora pública y visible para el mundo exterior, enfrentando al presidente interino con ciertas fuerzas políticas peruanas, probablemente desconfiadas del resultado de las próximas elecciones.

Dos ministros peruanos firmaron la orden en secreto y luego renunciaron…

A principios de 2026, las autoridades de Lima ya reconocían abiertamente el carácter político de la elección de los aviones estadounidenses. El debate había trascendido así los criterios puramente operativos, en un momento en que una oferta de 3,42 millones de dólares en el marco del programa FMS por 12 F-16 con equipamiento de última generación coexistía con anuncios locales que mencionaban 2 millones de dólares por 12 aviones, más una opción por otros 12 por 1 millones de dólares, lo que alimentaba un duelo de versiones sobre precios y alcance.

Pero en este caso, todo resulta sospechoso. En primer lugar, el proceso de adquisición, lejos de ajustarse a los procedimientos estándar, se estructuró en torno a una ley excepcional. De hecho, el Decreto 001-2026-DE autoriza una compra directa bajo secreto militar, pero bajo el control de organismos estatales, lo que, por su propia naturaleza, hizo que todo el proceso fuera opaco a los controles y equilibrios, a la prensa peruana y a diversos grupos políticos de oposición, incluidos aquellos involucrados en asuntos presupuestarios. Al respecto, Saab confirmó que nunca había recibido una solicitud oficial antes de retirarse por completo de la competencia tras un ultimátum, lo que reforzó las sospechas de parcialidad y la percepción de una competencia desigual.

F-16V Lockheed-Martin
F-16V en vuelo de prueba, sin marcas de usuario.

Luego, surgió el tema de la injerencia y la presión externas, ni siquiera disimuladas por Washington. La advertencia del 17 de abril, firmada por el embajador estadounidense, transformó la naturaleza misma de la competencia, privando a Lima de su arbitraje soberano, mientras que cada gesto de la presidencia para dilatar la situación se convirtió en un asunto de política internacional, con un creciente costo político interno.

Finalmente, el aspecto presupuestario se ha vuelto completamente opaco debido a las decisiones del Ministro de Defensa y su homólogo en el Ministerio de Finanzas. La discrepancia entre el límite máximo del programa FMS para 12 F-16 (3,42 millones de dólares) y el objetivo, respaldado por Saab, de 24 aeronaves por unos 3,5 millones de dólares, inevitablemente plantea interrogantes: ¿hubo grandes descuentos, reducciones en la entrega prevista o financiación adicional? Por ejemplo, algunos documentos presupuestarios filtrados estiman la compra inicial en 1,54 millones de dólares dentro de un presupuesto de 2 millones de dólares financiado con préstamos internos, lo que hace que el costo total sea poco claro y alimenta las críticas sobre la sostenibilidad de las cifras.

Conclusión

En los últimos años, Washington ha recurrido repetidamente a las amenazas, tanto económicas como políticas, para lograr sus objetivos, especialmente en lo que respecta a la venta de armas. Un ejemplo de ello es la presión ejercida por Estados Unidos sobre El Cairo a finales de la década de 2010 para disuadir a Egipto de adquirir 24 aviones rusos Su-35, que ya estaban listos para su entrega.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, los argumentos presentados por Estados Unidos y sus representantes han sido, si no más sutiles, al menos más enrevesados, ya sea en lo que respecta a los submarinos australianos o a los Rafale Los egipcios, una vez más, se vieron privados del SCALP tras la clasificación ITAR de un componente de navegación del misil de crucero franco-británico a finales de la década de 2010, precisamente para frustrar la venta (que, no obstante, se llevará a cabo dos años después con un SCALP que ya no está sujeto a la clasificación ITAR).

Sin embargo, es raro que la coerción estadounidense sobre un socio quede tan expuesta como en Perú: amenazas abiertas tras un anuncio, comprensible en todos los sentidos, por parte de un presidente interino que sentía que no tenía la legitimidad para emprender tal inversión, que por sí sola representa el 1% del PIB del país, y que deseaba dar al ganador de las elecciones de julio la opción en este asunto; un procedimiento excepcional por parte de dos ministros para eludir el proceso clásico, formalizando la compra pero opacándola en la esfera pública, y un deseo evidente de privar a Lima de cualquier arbitraje en el asunto.

Como era de esperar, esta maniobra, si bien no se aparta de ciertos métodos estadounidenses ya empleados en la venta de armas, carece terriblemente de sutileza, y aún más de la discreción que suelen demostrar los servicios de inteligencia estadounidenses. A tan solo dos meses de unas elecciones cruciales, si Washington hubiera querido empujar a Lima a los brazos de Pekín, probablemente no habría podido hacerlo de otra manera…

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